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¿Podemos prescindir del cobre en la agricultura ecológica?

El 16 de enero de 2018, el INRA presentó una evaluación científica colectiva sobre los instrumentos disponibles para reducir el uso del cobre en la protección de los cultivos ecológicos. Dicha evaluación se llevó a cabo a petición conjunta del Instituto Técnico de Agricultura Biológica (ITAB) y un programa transversal de investigación del INRA (Metaprograma SMaCH*). El método de revisión bibliográfica adoptado y los resultados son potencialmente aplicables a otras problemáticas agrícolas que intentan limitar o evitar el consumo de ciertos insumos.

Vid tratada con sulfato de cobre. © wikimedia, Pg1945
Actualización: 06/07/2018
Publicación: 16/01/2018

El cobre se utiliza en la mayoría de los tipos de agricultura en Europa para controlar determinadas enfermedades fúngicas o bacterianas y desempeña un papel importante en la protección de los cultivos en la agricultura ecológica. Actualmente su uso está homologado en más de 50 casos en arboricultura, viticultura, horticultura o cultivos extensivos, con formulaciones autorizadas por las especificaciones de la agricultura ecológica. Los usos actuales son especialmente importantes en los viñedos para el control del mildiú (Plasmopara viticola), en los cultivos extensivos para proteger las patatas del mildiú (Phytophtora infestans) y, en menor medida, para contener la sarna del manzano (Venturia inaequalis). Estos tres patógenos causan unas pérdidas particularmente importantes en las cosechas.

Las concentraciones excesivas de cobre tienen efectos adversos para el crecimiento y el desarrollo de la mayoría de las plantas, las comunidades microbianas y la fauna del suelo. Estos efectos han motivado restricciones regulatorias de su uso (limitación de las dosis aplicables por hectárea y año) e incluso la prohibición de su uso fitosanitario en ciertos países europeos (Países Bajos y Dinamarca), con lo que se plantean interrogantes sobre las alternativas actualmente o potencialmente disponibles para limitar o evitar el uso del cobre.

¿Cuáles son las alternativas al cobre?

Existen varios métodos alternativos al cobre, aunque a menudo con efectos parciales. Por ello, a veces es necesario combinarlos para proteger eficazmente los cultivos. Entre ellos, ocupa un lugar importante la genética y, en particular, la búsqueda de variedades resistentes. Sin embargo, para asegurar la durabilidad de la resistencia en el tiempo se requieren construcciones genéticas que combinen varias resistencias (piramidalización) y un manejo de campo del uso de estas variedades para no favorecer la capacidad de los patógenos para superarlas.

Entre las herramientas disponibles se cuentan también varios productos naturales con capacidad biocida o de bioestimulación de las defensas naturales de la protección vegetal (incluidos algunos aceites esenciales, especialmente de naranja), además de medidas profilácticas basadas en la eliminación de residuos de cultivos contaminados o el despliegue de cubiertas contra la lluvia para prevenir la contaminación por esporas patógenas. Las cubiertas son un dispositivo eficaz, pero costoso. La eficacia de los productos naturales (biocidas y bioestimulantes activadores de las defensas naturales) es más variable en condiciones de campo que en el laboratorio y los estudios de I+D llevados a cabo por las empresas implicadas en el biocontrol seguirían siendo necesarios para mejorar su eficacia.

Los conocimientos recopilados en la evaluación demuestran que, combinando esas distintas herramientas, hay estrategias factibles para evitar el uso de cobre en los manzanales y en el cultivo de patatas. La combinación de esas herramientas conduce, en ambos casos, a propuestas (de momento aún teóricas) para un sistema de protección de cultivos que permita considerar la sustitución total y una nueva concepción de los sistemas. Para la vid, a corto plazo, la genética aún no es aplicable en todas las condiciones: se necesitan cambios en las normas de denominación y una aplicación gradual de las resistencias para evitar que sean eludidas y se pierdan de manera definitiva. Así, si bien la vía genética es una estrategia esencial a medio plazo, a corto plazo la principal herramienta sería la reducción de las dosis de cobre utilizadas. De hecho, las dosis aplicadas podrían reducirse sin pérdida de eficacia.

La combinación de diferentes medios de control conduce a una reconceptualización de los sistemas de cultivo y de protección de cultivos, que tendrían que ser validados en el sistema de experimentación. Esta evaluación también pone de manifiesto la falta de referencias en materia de capacidad de adopción y costes inducidos (incluida la formación y la organización del trabajo) para las explotaciones agrícolas afectadas. También se necesitaría un estudio adicional sobre la capacidad (tanto financiera como estratégica) de las industrias de suministros agrícolas para desarrollar y comercializar innovaciones sustitutivas del cobre.

* Smach = Programa transversal de investigación del INRA sobre la Gestión Sostenible de la Salud de los Cultivos.

** Obtenga más información sobre las vides resistentes al mildiú y al oídio: dosier web

Contacto
Contacto científico:

  • Didier Andrivon Instituto de Genética, Medio Ambiente y Protección Vegetal (INRA de Bretaña y Normandía)
Delegación de Asesoramiento Científico Colectivo, Prospectiva y Estudios Colectivos :
Isabelle Savini

Una evaluación científica colectiva

Esta evaluación científica colectiva ha sido dirigida por la Delegación de Asesoramiento Científico Colectivo, Prospectiva y Estudios Colectivos del INRA. En ella han participado una decena de expertos de diferentes organismos de investigación y se basa en un corpus bibliográfico de unas 900 referencias.

Nueva homologación del cobre

Un debate que surge a raíz del informe de evaluación de la EFSA

La evaluación «¿Podemos prescindir del cobre en la protección de los cultivos ecológicos?» abordó la conveniencia o no de proceder a una nueva homologación del cobre en las condiciones actuales o con dosis ajustadas. Tal decisión es responsabilidad de las autoridades nacionales y europeas, las cuales se basan para ello en las evaluaciones de riesgo realizadas por sus organismos de seguridad sanitaria y medioambiental, como la EFSA o la ANSES. Para contribuir a responder a esa pregunta, la EFSA acaba de publicar un informe detallado, disponible en su sitio web.

Las preguntas formuladas al INRA tenían por objeto proporcionar a los responsables políticos —pero también a los productores u organizaciones que deseen limitar o abandonar el uso del cobre, independientemente de los requisitos reglamentarios— elementos fácticos y probados sobre las herramientas y combinaciones de herramientas alternativas a que se podría recurrir, así como sobre su eficacia y las dificultades u obstáculos para su adopción.